La fotografía en Japón sufrió un cambio radical después de la detonación de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Este hecho supuso un trauma nacional que no solo redujo el país a escombros, si no que también algo más profundo se fracturó: la percepción misma de la realidad. Así, el realismo japonés de la preguerra evolucionó hacia el punto de vista subjetivo en la fotografía japonesa de la posguerra.
El reloj de Nagasaki (1961), Shōmei Tōmatsu
I. El colectivo «Vivo»
En 1951 surgió en Tokio un taller de arte experimental con una idea renovadora próxima a la de las vanguardias europeas de principios del siglo XX. Se denominó Jikken Kōbō y en él confluyeron distintas disciplinas artísticas, entre ellas la fotografía. El Jikken Kōbō fue tan importante que llegó a extenderse fuera de Japón, siendo reconocido como uno de los tres grupos artísticos más importantes del siglo XX. Los fotógrafos de este taller realizaron un trabajo claramente experimental, algunos casi escultórico, y han sido una gran influencia para los fotógrafos posteriores.
