miércoles, 12 de marzo de 2025
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lunes, 10 de marzo de 2025
La figura del ikiryō (o "fantasma viviente") en la adaptación cinematográfica Genji Monogatari (1987)
Sinopsis
La historia, ubicada en el entorno cortesano del Japón feudal, nos habla del príncipe Hikaru Genji, hijo del Emperador y una concubina. Se narra, desde una perspectiva poética y un lenguaje muy cuidado, más propio de la literatura que de una película de animación, las relaciones que tiene el protagonista (Genji) con diferentes mujeres de la corte, aunque estas relaciones nunca llegan a satisfacerlo ya que él aspira a replicar, de algún modo, el amor que sentía por su madre, algo que resulta imposible. Este hecho hace que Genji no consiga alcanzar la felicidad nunca, y que, además, desarrolle una conducta que provoca el rechazo por parte de los demás.
Hay una serie de hechos significativos a lo largo del filme:
En primer lugar, Genji mantiene una relación con la esposa de su padre (el Emperador), llamada Fujitsubo, quien supone “el primer objeto de pasión femenina” del príncipe.
Por otro lado, esta mujer tiene una sobrina, una niña de unos 10 años, Murasaki, a la cual Genji rapta y lleva a Palacio para educarla a su antojo. De la relación entre Genji y Fujitsubo nace un hijo, aunque ambos mantendrán este secreto. Esto hace que todo el mundo piense que el hijo es del Emperador y de Fujitsubo, quien pasa a ser Emperatriz.
Genji y su esposa, Aoi, tienen un hijo, Yugiri, lo que enfurece a Rokujō no Miyasudokoro, otra de las amantes de Genji y en cuya figura nos detendremos más adelante. Rokujō “envía” una maldición a Aoi, y, más tarde, el hijo de ambos muere.
Sin embargo, Genji y una de las concubinas de su hermano se encuentran en secreto. Cuando esto sale a la luz, el Emperador se ve obligado a enviar al exilio a su hijo.
De este modo, la película termina con el exilio de Genji de la corte. Lo último que se nos muestra son una serie de escenas del protagonista bailando junto a un cerezo, lo que tal vez pueda interpretarse como un final metafórico (cortejo al árbol, símbolo de fertilidad y regeneración, como alegoría a la mujer) donde Genji finalmente supera, en cierto modo, el ideal que tiene de mujer sobre la figura de su madre, y los miedos que le enfrentan en sus relaciones con las mujeres.
1. La estética en la película: Yūgen (幽玄)
El desarrollo lento de la historia está fuertemente respaldado por un ambiente lúgubre pero bello al mismo tiempo, muy centrado en representar el paisaje durante la noche, el crepúsculo o el amanecer. Esto conlleva a que, inevitablemente, los colores aplicados a la animación sean fríos, lo que además sintoniza con la soledad del protagonista y la decrepitud de su entorno.
Este recurso estético es conocido como yūgen (幽玄; oscuro, profundo o misterioso) dentro de la estética japonesa. El concepto se refiere a una belleza profunda, no obvia; a la elegancia refinada y, dentro del Genji Monogatari, a la triste belleza del sufrimiento humano.
2. La figura de Hikaru Genji
Nuestro protagonista, Hikaru Genji, se nos presenta como un hombre enormemente atractivo y, en cierto modo, perfecto; incluso su apodo se relaciona directamente con esta idea (hikaru, 光る, significa brillante). Sin embargo, la pérdida de su madre a muy temprana edad lo atormenta gravemente. Este hecho lo deriva a padecer un trauma con las mujeres, ya que ansía encontrar a una mujer que sustituya a su figura materna, algo lógicamente imposible.
Por consiguiente, el personaje se verá acosado por dos ilusiones a menudo: la de un haori rosa (羽織), una prenda tradicional japonesa que conforma una especie de chaqueta la cual se viste encima del kimono, del que caen hojas de cerezo y que supone la “evocación alegórica del tormento femenino” (Míguez Santa Cruz, 2015: 142); y otra en la que aparece un árbol de cerezo de grandes dimensiones. Estas dos imágenes evocan la obsesión de Hikaru por la belleza del ideal femenino. Genji pretende encontrar una especie de copia de su madre, quien, como la flor del cerezo, supuso para el protagonista una belleza mayor que cualquier otra: aquella que es “efímera”. De este modo, Genji se encuentra acuciado por una profunda inestabilidad emocional que lo lleva a comportarse de manera eufórica con las mujeres por cortos periodos de tiempo, y a colapsar de vez en cuando ante un ingente sentimiento de soledad.
3. La figura de Rokujō no Miyasudokoro
Para introducir a este personaje considero interesante destacar dos escenas: primero, el coloquio mantenido por los señores de la corte sobre el ideal de mujer, y segundo, el fatídico encuentro entre los carruajes de Aoi y Rokujō, lo que supone el colmo de ese odio profundo que siente esta última por la esposa de Hikaru Genji. Estos dos episodios nos anteceden al desarrollo de un personaje femenino que se verá atormentado por su amor imposible hacia Genji y por sus complejos sociales.
Se dice que este personaje, también conocida como la Dama de la “Sexta Avenida” (significado literal de su nombre, Rokujō, por ser la zona del Palacio Heian en la que vive), es “especial porque soporta un fuerte desequilibrio entre su honne y tatemae” (Míguez Santa Cruz, 2015: 141).
El honne (本音) concierne los verdaderos sentimientos y anhelos de una persona. Mientras que el tatemae (建前, superficie) se corresponde con la “fachada” que proyecta esa persona, su imagen pública. Entonces, Rokujō se encuentra en mitad de un dilema en el cual su honne desea el amor de Genji, entretanto que su tatemae le exige “ser intachable” por pertenecer a un rango elevado dentro de la corte, separando sus pasiones de su imagen pública. Cuando da por perdido su verdadero deseo por obtener el amor de Genji, utiliza la venganza como paliativo de los inmensos celos que sufre. Esto desemboca en el nacimiento del ikiryō en su interior, una poderosa fuerza maligna que es liberada del cuerpo en forma de fantasma.
La figura del fantasma es muy interesante a lo largo de todo la película sobre todo porque no se nos muestra como un ser “insustancial”, sino que aparece de forma explícita, como si fuese la propia Rokujō (por ejemplo durante el parto de Aoi, cuando su reflejo aparece en el agua), y cuya presencia rompe el equilibrio del tatemae, de Rokujō (véase la escena en que su trazo se descarrila mientras está practicando caligrafía en el momento en que Aoi está a punto de dar a luz). Esta escena vendría a mostrar cómo “su consciencia la abandona” y pasa a ser dominada “por su otro yo, el ikiryō” (Míguez Santa Cruz, 2015: 142).
La idea del ikiryō dentro de la mitología japonesa
El ikiryō (生霊, "fantasma viviente") es el alma de una persona que aún vive y quien ha dejado temporalmente su cuerpo. Suelen mantener el aspecto de la persona viva, más comúnmente en forma fantasmal o traslúcida, aunque otras veces como un individuo vivo y material.
Normalmente, aparecen relacionados con una experiencia intensa, como la muerte, una pasión o deseo, odio, o como parte de una maldición. Sin embargo, el dueño del alma casi nunca conoce la existencia del ikiryō, lo que conduce a numerosos malentendidos.
Relacionándolo con el tema anterior sobre el Genji Monogatari, podemos decir que los ikiryō fueron un tema popular en las historias durante el periodo Heian. Se atribuían a intensos sentimientos de amor, generalmente de mujeres, cuyo espíritu se separaba del cuerpo para perseguir a su amado y susurrarle al oído; e incluso podían llegar a apoderarse físicamente de su objetivo.
Aunque la forma más común de ikiryō era aquella que nacía de la ira y la venganza — a modo de manifestación de una persona viva para maldecir a otra — bien inconsciente o ya conscientemente.
En este caso concreto, Rokujō no Miyasudokoro es sumamente importante para el folclore japonés al conformar el primer personaje sobrenatural de la mitografía japonesa dentro de la literatura. La autora de la novela, Murasaki Shikibu, pretendió mostrar el desequilibrio del sistema de castas del periodo Heian y las diferencias de género. Y así lo hizo, mediante diversos personajes femeninos que representan a su vez aspectos de ella misma. De este modo nació Rokujō, una mujer altamente preparada a la que esto no le sirve de nada en el mundo que la rodea. Por esta razón se desarrolla en ella un gran sentimiento de ira reflejado en ese fantasma (ikiryō), el cual acabaría convirtiéndose en parte del folclore nacional dentro de la imaginería de lo sobrenatural (o la idea de fantasma) en Japón, con reminiscencias que llegan claramente hasta nuestros días, reflejadas a través de las películas de terror japonés (J-Horror).
En conclusión, la película parece plasmar fielmente la psicología de cada uno de los personajes de la novela, lo que, junto a la estética tan cuidada y, por tanto, lograda en la animación y sumado a unos diálogos muy complejos, difíciles de entender incluso, consigue un ambiente idóneo para el desarrollo de la historia que se nos narra y para el momento histórico en que se ubica. De este modo, se puede decir que la adaptación cinematográfica de Sugii profundiza aún más en la información que nos ofrece la novela, como ocurren con las motivaciones detrás de los actos de los personajes, resultando en una producción más propiamente literaria.
Redacción: Blanca
Referencias bibliográficas y lecturas recomendadas
MEYER, M. (a). Ikiryō. Yokai. Recuperado el 09-03-2025. <https://yokai.com/ikiryou/>
MEYER, M. (b). Rokujō no Miyasundokoro. Yokai. Recuperado el 09-03-2025. <https://yokai.com/rokujounomiyasundokoro/>
MÍGUEZ SANTA CRUZ, A. (2021). Kaidan. Tradición del terror en Japón. Fantasmas, bestias y demonios que engendraron el fenómeno del cine de terror japonés. Editorial Almuzara, Colección Chaplin-Cine.
MÍGUEZ SANTA CRUZ, A., & Universidad de Córdoba. (2015). Anime adaptando (y complementando) alta literatura. El sufrimiento de “la Dama de la Sexta Avenida”. Raudem, Revista De Estudios De Las Mujeres, Vol. 3, págs. 136-156.
SHŌNAGON, S. (2021). El libro de la almohada. Satori, Clásicos.
SUGII, G. (1987). Genji monogatari. Group TAC & Hara, M.
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